martes, 11 de septiembre de 2007

Biografía del Padre Mario



"Tengo el poder de diagnosticar y curar porque Dios lo dispuso. Soy un brujito malandra que tiene a Dios de su lado" José Mario Pantaleo nació el 1º de agosto de 1915 en Pistoia, Florencia, Italia, hijo de Ida Melani y de Rafael Enrique Pantaleo.
Su familia decidió emigrar a la Argentina debido a la Primera Guerra Mundial, y fue así que se radicaron en Córdoba. El pequeño Mario fue internado en un colegio salesiano, y cuando su familia regresó al viejo continente lo dejaron allí para que siguiera su educación. Pasados unos años, el padre decidió la vuelta de Mario a Italia, y en 1931 ingresó en el seminario de Arezzo, siendo ordenado sacerdote en la Catedral de Mattera el 3 de diciembre de 1944. En 1948 se enteró de que se solicitaban sacerdotes que desearan viajar a la Argentina, y no dudó en volver a ese país que añoraba.
El Padre Mario se radicó definitivamente en la localidad de González Catán, donde creó dos fundaciones humanitarias, un colegio primario y secundario, un jardín de infantes, una escuela para discapacitados, un polideportivo, un centro de atención a mayores, un centro de capacitación laboral, una panadería y fábrica de pastas manejada por personas discapacitadas, un centro médico, una guardería para hijos de mujeres trabajadoras, una biblioteca con miles de títulos y un taller textil.
Pero lo que realmente destacó al Padre Mario fue su don de curar mediante la imposición de manos. Cientos de miles recurrieron a él a lo largo de décadas, incluídas personalidades famosas como el pintor Raúl Soldi, la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat, el escritor Ernesto Sábato, el historiados Félix Luna, o los ex-Presidentes Arturo Frondizi y Carlos Menem, entre otros. Desde la madrugada podía verse cómo la gente se congregaba en las llamadas "Filas de la Esperanza" en González Catán (y dos veces por semana en el barrio de Floresta) para buscar alivio a sus enfermedades.
El Padre Mario tenía algunos problemas de salud, y cuando se le preguntaba por qué no se curaba a sí mismo, sonreía y contestaba que "cuando alguien recibe un don, es para darle a los demás, no para uno".
Si bien en sus inicios la policía y los médicos desconfiaban de las actividades del sacerdote, con el tiempo comprendieron que sólo buscaba ayudar. El comisario de la zona fue presionado para detenerlo, pero nunca lo hizo ya que su propio hijo había sido curado por el Padre Mario. Sin embargo, fue el clero el que nunca lo aceptó totalmente, y si pudo desarrollar su obra fue gracias a la comprensión de Monseñor Bufano y, a la muerte de éste, de Monseñor Meinvielle (ambos obispos de San Justo).
Un caso curioso ocurrió cuando una mujer se entrevistó con el Padre Mario y le entregó una fotografía de una amiga afectada por una grave enfermedad (era común que curara con sólo ver fotografías o tener en sus manos alguna prenda del enfermo). El sacerdote miró fijamente a la mujer y le reprochó que le llevara la fotografía de alguien que ya no estaba en este mundo. Profundamente conmovida, la mujer confesó que efectivamente la mujer había muerto hacía un tiempo y que su misión era tender una trampa al Padre Mario para desacreditar su obra.
El 19 de agosto de 1992, pocos días después de haber cumplido sus 77 años, José Mario Pantaleo murió en la Ciudad de Buenos Aires. Su velatorio en el predio de Gonzáles Catán se extendió por varios días, y se calcula que entre 15.000 y 20.000 personas acudieron a la capilla ardiente.
ALGUNOS TESTIMONIOS
El periodista, historiador y escritor Félix Luna cuenta: "Apenas me miró me diagnosticó qué tenía. Después fui al médico y me confirmó exactamente lo que el Padre Mario me había dicho"..
Osvaldo Cocci, quien por años fue Director de Valuaciones de la Municipalidad de Buenos Aires, dice que: "en enero de 1990 una tomografía computada determinó que tenía un tumor canceroso de dos centímetros en el pulmón derecho, por lo que los médicos decidieron operarme urgentemente en una semana. Fui al Padre Mario, y con su péndulo me confirmó el diagnóstico diciendo que se podía curar en 60 días. Bajo mi responsabilidad aplacé por dos meses la operación y visitaba diariamente al Padre Mario, quien sin tocarme pasaba su mano por la zona afectada y oraba. A los 63 días me dijo que me hiciera una nueva tomografía, la que arrojó como resultado que el tumor había desaparecido. Cuando mi médico vio la tomografía no podía creerlo y tuve que confesarle que tenía un asesor espiritual. Mi médico llevó el caso a la Academia de Medicina". Por último dice Cocci: "a los seis meses me hice otra tomografía y no hubo dudas, el tumor ya no existía. Tengo toda la historia clínica a disposición de quien quiera verla"..
En ocasión del traslado de los restos del Padre Mario desde el cementerio de la Recoleta a González Catán, el ex Presidente Carlos Menem dijo: "Yo se que cuando se habla de curaciones hay muchos que desconfían. Se habló mucho del Padre Mario y de sus curaciones. Quiero decirles que yo soy uno de los que recibieron su palabra y su curación". Menem fue atendido por el Padre Mario a raíz de problemas en sus cuerdas vocales, enfermedad que hizo correr rumores de que el primer mandatario estaba enfermo de cáncer..
Irene de Pintos tenía un tumor en el cuello en 1984. Era inoperable. La quimioterapia no había resultado y la cobaltoterapia tuvo que ser suspendida. Estaba desahuciada y lo único que quedaba era esperar el desenlace. Cuando el Padre Mario la atendió pasando su mano (sin tocarla) por la zona y rezando, el tumor desapareció. En los años '86, '87 y '88 se le volvieron a hacer tomografías y se confirmó que el tumor ya no existía..
Keikichi Utsumi, un empresario japonés radicado en Argentina, que fue gobernador del Rotary Club en 1988/89 cuenta: "A mi hija la curó de un problema de piel que no tenía solución médica y a mi esposa la sanó de las consecuencias de un ataque cerebral en apenas un mes. Somos católicos y agradecidos al Padre Mario, y sobre todo, a Dios".
"MANDY" SALAS
El último milagro realizado en vida por el Padre Mario fue en la sala de Terapia Intensiva del Sanatorio de la Santísima Trinidad, donde estaba internado en Agosto de 1992 por una deficiencia cardiaca, la que sumada a su crónico problema respiratorio desencadenaría su fallecimiento.
Separada del sacerdote por un biombo estaba la joven norteamericana Amanda Salas. Mandy, una estudiante de intercambio de 16 años, se había visto envuelta en un accidente automovilístico que provocó una lesión en su médula espinal. La joven estaba parapléjica y debía ser asistida con respirador artificial, y los médicos consideraban que las lesiones eran irreversibles.
Cuando el Padre Mario se enteró de esta situación, pidió que su secretaria le entregara una foto de la chica y que retiraran el biombo que los separaba. Desde su cama el padre levantaba su mano temblorosa y bendecía a Mandy. Poco antes de morir, le dijo a su secretaria que él "se iba a ir", pero que la chica "se iba a quedar", agregando que volvería a tener movilidad en "un año y medio o dos".
Con el tiempo, Mandy fue trasladada a la ciudad de San Diego, California, junto a su familia, y al poco tiempo no sólo logró abandonar el respirador, sino que pudo comenzar a mover sus dedos e incluso pararse de su silla de ruedas.
La misma Mandy cuenta que una vez en San Diego, acompañó a sus amigas a consultar a una adivina. Apenas la vio, esta mujer le dijo que "un hombre mayor, un sacerdote ya fallecido, la estaba cuidando y dándole ánimos permanentemente". Esta vidente desconocía lo que había ocurrido a Mandy en Argentina.